RECURSOS NATURALES
Paisajes. Flora y fauna
Hace unos 150 millones de años, durante el Período Jurásico Medio Superior, el área que ocupa este Monumento Natural presentaba un clima estable de gran humedad. Se desarrollaban en esta región densos bosques con árboles de porte gigantesco, entre los que merecen destacarse antiguos parientes de los pehuenes o araucarias.
En los inicios del Período Cretácico las erupciones volcánicas, que coincidieron con el inicio del levantamiento de la Cordillera, sepultaron vastas extensiones del territorio patagónico, con cenizas y lavas. Muchos de los bosques cubiertos por cenizas fueron sometidos a procesos de petrificación.
El surgimiento de la Cordillera de los Andes produjo transformaciones drásticas en el ambiente, al cambiar el clima de toda la Patagonia. Desde entonces, la humedad transportada por los vientos del Pacífico se condensa al atravesar las frías alturas y origina las lluvias que permiten el desarrollo de los bosques andino patagónicos actuales. Los fuertes vientos continúan su camino hacia el este desecando aún más la estepa.
Posteriormente, la erosión de un territorio que se fue haciendo cada vez más árido, la lluvia y el viento, dejaron al descubierto grandes sectores de estos bosques que se petrificaron con el transcurrir de millones de años, quedando inclusive algunos ejemplares en pie.
Elevaciones de escasa altitud coronadas por lava, representan los vestigios de la actividad volcánica de tiempos pretéritos. Un buen ejemplo de ello es el Cerro Madre e Hija, un volcán extinto que hoy es una figura destacada en el paisaje que se aprecia desde el yacimiento paleontológico.
Flora
La naturaleza actual del área ofrece interesantes atractivos para el visitante. La vegetación rala y achaparrada, resulta sorprendente por la capacidad que demuestran las plantas para vivir en condiciones ambientales tan rigurosas. Vegetales de muy diversa posición taxonómica adoptan formas compactas y semicirculares, como cojines, formas típicas de la estepa patagónica.
Con este aspecto es factible observar en la zona desde cactáceas de grandes flores anaranjadas hasta varios géneros de “margaritas ” de colores amarillos y con menos frecuencia blanco-rosados. En los cañadones reparados, crecen arbustos como molles, duraznillos, algarrobos y calafates, estos últimos poseedores de frutos comestibles,.
Fauna
La fauna es abundante debido a la permanente vigilancia de los Guardaparques. Debido a que se encuentra protegida de posibles agresiones, la fauna del lugar adoptó conductas no evasivas. Por ello se deja apreciar con facilidad en las inmediaciones del sendero de las araucarias petrificadas.
Se pueden observar pequeñas manadas de guanacos conformados por un macho con su harem de hembras y sus crías, así como también a algunos confiados zorros grises. Chingolos, agachonas, comesebos, son algunas de las aves más comunes de observar. También lagartijas de variadas y miméticas tonalidades son frecuentes en el lugar.
El camino de acceso que media desde la Ruta Nacional N°3 hasta el Área Protegida, también ofrece sus atractivos, siendo posible ver allí al piche patagónico y el choique o ñandú petiso. Este último, es un ave de gran tamaño, plumaje pardo grisáceo salpicado de blanco, cuyos machos son polígamos y se encargan de hacer los nidos, incubar los huevos y cuidar los pichones, que suelen ser más de veinte. Conviene transitar a baja velocidad para advertir la presencia de esta mimética fauna que pasa inadvertida al ojo inexperto.
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