HISTORIA NATURAL
Durante los últimos años, a partir de fines de abril, unas 450 a 600 ballenas arriban a las aguas de los Golfos Nuevo y San José en la Península Valdés (Patagonia, Argentina). Permanecen en la zona durante todo el invierno y parte de la primavera y los últimos ejemplares abandonan la Península Valdés durante el mes de diciembre. Este lugar es una de las áreas de reproducción y cría de esta especie más importantes del mundo. Las aguas tranquilas y protegidas de los golfos son ideales para aparearse, parir y amamantar a las crías.
Mientras las ballenas están en aguas patagónicas, los adultos casi no se alimentan. La supervivencia en este período se basa en las reservas de grasas acumuladas durante el verano en las áreas de alimentación que se encuentran más al sur, principalmente en aguas subantárticas cercanas a la Convergencia Antártica.
Las ballenas francas, como todos los cetáceos, se aparean en el agua. Tienen una forma “cooperativa” de apareamiento, es decir que varios machos se ayudan entre sí para copular a una sola hembra, aunque también compiten entre ellos por el acceso a la hembra. Al final, la hembra termina siendo inseminada por varios machos, pero sólo uno fecundará al único óvulo. Así se forman los grupos de cópula, fácilmente identificables por la gran actividad que despliegan y que muchas veces puede extenderse durante varias horas. Generalmente el mes de septiembre suele ser el de mayor actividad sexual.
Entre julio y octubre nacen unos 200 ballenatos o más. Luego del parto, la hembra amamanta a su cría durante su primer año de vida. La leche es muy nutritiva y densa, lo que permite a la madre expulsarla con fuerza directamente dentro de la boca del ballenato.
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